El primer día cayó. El último, regresó sonriendo.
Karen, una adolescente diagnosticada con autismo, disfrutaba de la alberca en el Parque Culiacán 87 cuando un resbalón la detuvo en seco. Un raspón en la rodilla bastó para cambiarle el momento.
Buscó ayuda. La encontró en el personal de la Secretaría de Seguridad Pública y Tránsito Municipal que se encontraba en el lugar.
La atención fue sencilla, pero significativa: trabajadoras sociales y personal de apoyo la atendieron con cuidado, con paciencia, con ese trato que no siempre se olvida. Karen se fue a casa… pero no sin antes agradecer.
Pasaron los días… y volvió.
Esta vez no llegó con dolor, llegó con una sonrisa. Caminó directo hacia ellos. Los reconoció.
“Buenas noticias, mi rodilla se está recuperando”.
Para el personal que la atendió, no fue un reporte más. Fue una visita inesperada, de esas que no se planean, pero que se quedan.
Karen lo dijo a su manera: “Ellos son como ángeles marinos que te salvan cuando estás herido… me sentí feliz”.
Su mamá lo confirmó: “Muchas gracias, se portaron muy amables, la trataron muy bien. Mi niña es especial y no se deja con cualquiera, pero con ustedes tuvo confianza”.
Y antes de irse, volvió a lo que más le gusta: “Vénganse, porque la piscina está de locos”.
No todos los servicios terminan en un informe. Algunos se quedan en la memoria, e historias como esta reflejan el lado más cercano del trabajo que realiza el personal de la SSPyTM, donde la atención, el respeto y la empatía también forman parte de la seguridad.
